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    October 24

    FINJAMOS QUE SOY FELIZ

    Finjamos que soy feliz,
    triste pensamiento, un rato;
    quizá prodréis persuadirme,
    aunque yo sé lo contrario,
    que pues sólo en la aprehensión
    dicen que estriban los daños,
    si os imagináis dichoso
    no seréis tan desdichado.

    Sírvame el entendimiento
    alguna vez de descanso,
    y no siempre esté el ingenio
    con el provecho encontrado.
    Todo el mundo es opiniones
    de pareceres tan varios,
    que lo que el uno que es negro
    el otro prueba que es blanco.

    A unos sirve de atractivo
    lo que otro concibe enfado;
    y lo que éste por alivio,
    aquél tiene por trabajo.

    El que está triste, censura
    al alegre de liviano;
    y el que esta alegre se burla
    de ver al triste penando.

    Los dos filósofos griegos
    bien esta verdad probaron:
    pues lo que en el uno risa,
    causaba en el otro llanto.

    Célebre su oposición
    ha sido por siglos tantos,
    sin que cuál acertó, esté
    hasta agora averiguado.

    Antes, en sus dos banderas
    el mundo todo alistado,
    conforme el humor le dicta,
    sigue cada cual el bando.

    Uno dice que de risa
    sólo es digno el mundo vario;
    y otro, que sus infortunios
    son sólo para llorados.

    Para todo se halla prueba
    y razón en qué fundarlo;
    y no hay razón para nada,
    de haber razón para tanto.

    Todos son iguales jueces;
    y siendo iguales y varios,
    no hay quien pueda decidir
    cuál es lo más acertado.

    Pues, si no hay quien lo sentencie,
    ¿por qué pensáis, vos, errado,
    que os cometió Dios a vos
    la decisión de los casos?

    O ¿por qué, contra vos mismo,
    severamente inhumano,
    entre lo amargo y lo dulce,
    queréis elegir lo amargo?

    Si es mío mi entendimiento,
    ¿por qué siempre he de encontrarlo
    tan torpe para el alivio,
    tan agudo para el daño?

    El discurso es un acero
    que sirve para ambos cabos:
    de dar muerte, por la punta,
    por el pomo, de resguardo.

    Si vos, sabiendo el peligro
    queréis por la punta usarlo,
    ¿qué culpa tiene el acero
    del mal uso de la mano?

    No es saber, saber hacer
    discursos sutiles, vanos;
    que el saber consiste sólo
    en elegir lo más sano.

    Especular las desdichas
    y examinar los presagios,
    sólo sirve de que el mal
    crezca con anticiparlo.

    En los trabajos futuros,
    la atención, sutilizando,
    más formidable que el riesgo
    suele fingir el amago.

    Qué feliz es la ignorancia
    del que, indoctamente sabio,
    halla de lo que padece,
    en lo que ignora, sagrado!

    No siempre suben seguros
    vuelos del ingenio osados,
    que buscan trono en el fuego
    y hallan sepulcro en el llanto.

    También es vicio el saber,
    que si no se va atajando,
    cuando menos se conoce
    es más nocivo el estrago;
    y si el vuelo no le abaten,
    en sutilezas cebado,
    por cuidar de lo curioso
    olvida lo necesario.

    Si culta mano no impide
    crecer al árbol copado,
    quita la sustancia al fruto
    la locura de los ramos.

    Si andar a nave ligera
    no estorba lastre pesado,
    sirve el vuelo de que sea
    el precipicio más alto.

    En amenidad inútil,
    ¿qué importa al florido campo,
    si no halla fruto el otoño,
    que ostente flores el mayo?

    ¿De qué sirve al ingenio
    el producir muchos partos,
    si a la multitud se sigue
    el malogro de abortarlos?

    Y a esta desdicha por fuerza
    ha de seguirse el fracaso
    de quedar el que produce,
    si no muerto, lastimado.

    El ingenio es como el fuego,
    que, con la materia ingrato,
    tanto la consume más
    cuando él se ostenta más claro.

    Es de su propio Señor
    tan rebelado vasallo,
    que convierte en sus ofensas
    las armas de su resguardo.

    Este pésimo ejercicio,
    este duro afán pesado,
    a los ojos de los hombres
    dio Dios para ejercitarlos.

    ¿Qué loca ambición nos lleva
    de nosotros olvidados?
    Si es para vivir tan poco,
    ¿de qué sirve saber tanto?
    ¡Oh, si como hay de saber,
    hubiera algún seminario
    o escuela donde a ignorar
    se enseñaran los trabajos!

    ¡Qué felizmente viviera
    el que, flojamente cauto,
    burlara las amenazas
    del influjo de los astros!

    Aprendamos a ignorar,
    pensamiento, pues hallamos
    que cuanto añado al discurso,
    tanto le usurpo a los años.
    Sor Juana
    October 11

    LIBRO ABIERTO

    Dicen de mi
    que yo he sido un libro abierto
    Donde mucha gente ha escrito
    no hagas caso, nada es cierto.

    En blanco está
    nadie supo escribir nada
    no dejaron ni una huella
    nadie le importaba nada.

    Me importas tu
    tu si escribes muy bonito
    para ti soy libro abierto
    escribe en mi, te necesito.

    En blanco está
    nadie supo escribir nada
    no dejaron ni una huella
    nadie le importaba nada.

    Me importas tu
    tu si escribes muy bonito
    para ti soy libro abierto
    escribe en mi, te necesito.

    Cortesía de Betsy Pecanins